11.09.2011

¿Qué vas a hacer cuando seas grande?

Esa es LA pregunta, ¿qué no?

Elegir lo que te definirá ante la sociedad debería ser cosa fácil, sabemos que alguien que podría hacer cualquier cosa nos impresiona más que aquellos que pueden hacerlo todo. Estamos satisfechos con no hacer las cosas porque sabemos que podríamos, y eso es lo que nos importa, porque valoramos el potencial como un fin en vez de como un medio para llegar a algo específico.

Cuando presenciamos un logro, lo despreciamos al creer que nosotros podríamos haberlo hecho también. Todos los problemas se vuelven un Huevo de Colón, y no, no es eufemismo.

Es una idea seductora, esta creencia que somos ahora tan solo la semilla de lo que podríamos llegar a ser. Que tenemos dentro el poder de hacer cosas extraordinarias si tan solo pudiéramos liberarlo, es el tipo de material del que está hecho Flores para Algernon, o Limitless o la religión.

Lo que todo el mundo parece olvidar es que el potencial sin usanza se atrofia y muere. Conformarse con el “potencial” es la definición del fracaso.

“Tienes mucho potencial” Big deal, who doesn’t?

Lo que cambia el sentido de esa frase que a todos nos han dicho es la ambición. Creo que todos llevamos al ambicioso dentro, y es justo él quien se rehúsa a conformarse con ser un hobbyista con supuesto potencial.

Piensen en Da Vinci, el hombre del Renacimiento por excelencia:

“Fue un pintor italiano nativo de Florencia. Notable polímata (a la vez anatomista, arquitecto, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista).”

Wikipedia

En la actualidad no sería más que el pintor interesado en la ciencia y otras disciplinas. El artista que publicó algunos poemas y textos filosóficos.

Por eso pongo cuestiono mi elección de carrera en todo momento, por eso me salí de la Universidad. No soporto pensar en el hecho que deba elegir una carrera y que todo en lo que realmente me intereso y me gusta sea apenas un hobbie, que no tenga la misma seriedad.

Si eligiera mi carrera basándoma solamente en interés y gusto, sería muy probable que no pudiera satisfacer mis expectativas de vida en cuanto a lujos. Por eso la filosofía, el dibujo, la fotografía, la música, el diseño, la literatura deben pasar a segundo plano. Y no es que hacer algo por una remuneración económica sea el máximo de importancia o valor, pero ya no es posible para las personas destacar y ser tomadas en serio en todos los ámbitos que desean.

Podría ser y hacer cualquier cosa, lo cual me quita la inspiración para hacer alguna. Nadie se puede quedar en el limbo del potencial, estamos exentos de la euforia de la incertidumbre, ya no podemos asombrarnos con lo que podríamos hacer, simplemente nos quedamos con un aburrido reconocimiento de los hechos.

Por eso tengo miedo. Temo no usar mi potencial, temo que se atrofie porque demoré demasiado decidiendo, cambiando de opinión, haciendo nada. Entre más tiempo pase, menos cosas voy a poder lograr, hasta que tenga que escoger como profesión “ninguna de las anteriores” porque no me molesté en llenar la casilla de cualquiera de las enlistadas cuando tuve la oportunidad.

Dijo Hume que la razón es esclava de las emociones.

Y hasta que no descubra el interruptor que pueda trascender los niveles de cognición para implementar en mi sistema límbico los estados emocionales que mi mente racional considera prudentes, seguiré aquí, quejándome en internet. Alguien debería pagarme por eso.

9.17.2011

De ambigüedad, creación y lenguaje.


Para los que no sabían, o no les interesaba, llevo un mes como Universitaria estudiando Comunicación y Relaciones Públicas. En este corto tiempo, una de las materias ha captado mi atención más que otras, y a pesar de su carácter introductorio (entiéndase como básico y poco profundo) me ha puesto a pensar en el tema del lenguaje.

Lo que me gusta del lenguaje es que tiene la habilidad de ser hermosamente arbitrario sin perder la cualidad de necesario, es tan necesario como las matemáticas de las que todo el mundo habla, y hasta se parecen. Piensen en que un número siempre tiene el mismo significado: cuatro en ningún momento puede ser cinco, así como una ‘H’ aunque sea muda jamás es una ‘A’. Pero, un cuatro no sólo es la suma de dos y dos, o la resta de cuatrocientos treinta y dos menos cuatrocientos veintiocho, o cualquier otra de las infinitas combinaciones de números que pueden resultar cuatro, y una palabra tampoco tiene una esencia o un solo significado objetivo, sin embargo la rigidez empírica que es esencial para las ciencias se ha estado infiltrando en el lenguaje de manera que lo ha vuelto mucho menos flexible y expresivo de lo que solía ser.

Hay que jugar con el lenguaje, jugar con la serie de significados comunales de manera que el otro pueda interpretar el mensaje, pero también se pueda ver la arbitrariedad y la naturaleza vacía de las palabras. Yo para esto tengo un método, intento que la mayoría del tiempo que hablo pueda hacerlo de modo que provoque una reflexión o pensamiento en la otra persona, y aunque a veces les parezca raro o inapropiado, estoy relacionándome con ellos inyectándoles la misma ambigüedad que yo percibo como existencia subyacente de las palabras.

Puede que suene intelectual y pretensioso decir que las palabras y textos son tan solo lo que tu interpretas de ellos, y puede que sea un modo de eludir la responsabilidad cuando dices algo que resulte pernicioso, pero es la única manera en que se puede conservar la libertad de pensamiento. Lo que es de verdad intelectual y pretensioso es que se pretenda resistir la infinita probabilidad de significados asignándoles esencias exactas. Y esto es lo que está pasando en nuestra cultura.

Se manipula el lenguaje, pero en un modo que promueve la rigidez de una mentalidad de colmena en lugar del poder transformativo de la subjetividad individual. Queremos someter al lenguaje para hacer uso de la retórica en función del control en vez de que le sirva a la libertad.

Por ejemplo, en los medios de difusión masiva, todos reflejan un tipo de neolengua Orwelliana que comprende de un muy reducido conjunto de ideologías, interpretaciones y significados. El arte ha sido reemplazado por el entretenimiento y su infinito estrechamiento de temas. La música pop, la televisión, y el cine es un pozo séptico de mediocridad que regurgita las mismas ideas incansablemente hasta que nos aburre. O sea, ¿qué tan triste es que se considere como cine de arte a todo lo que oscile entre Michel Gondry y James Cameron?


Pero este esfuerzo hacia una objetividad mecánica no es exclusivo del entretenimiento y de los medios, se ha extendido hasta las escuelas infectando y destruyendo el lenguaje como lo conocemos. Fue gracias a una de mis menos talentosas maestras que también reflexioné sobre esto, creo que desenmascaré la noción que venía arrastrando desde la secundaria donde aceptaba sin protestar los significados homogenizados que sólo tenían valor si podías encontrar una fuente de prestigio que defienda el mismo punto de vista. Y aún después de conocer los distintos puntos de vista parecía que todo el mundo (yo incluida) quería llegar a un consenso sobre todo lo que estábamos leyendo o aprendiendo.

Hacía mis trabajos esperando satisfacer a quién sabe quién en vez de de preguntarme si estaba conforme con ellos, si me divertía pensándolos, si estaba realmente jugando con las posibilidades del lenguaje o si sólo estaba recreando el montón de configuraciones desgastadas por los estándares – en esencia, si estaba siendo yo misma. Después llegaron las clases de filosofía, y despertó en mí la consciencia ética y crítica y bueno, lo demás es historia.

Ahora sé que me importa poco si mis escritos están en un librito bien bonito encuadernado con oro blanco, o si están en una servilleta, con tal de que alguien las lea. Porque hasta que alguien se toma el tiempo de leer lo que escribo, son un montón de símbolos en alguna parte, y nada más. O sea, entender a Crimen y Castigo como novela no se lo debes a saber en qué estante de la librería está, necesita haber alguien dándole sentido y significado a las palabras; pues no se trata de una eterna ‘verdad’ como 2+2=4, es una entidad plasmada cuya significación es determinada tanto por el lector como por el escritor.

¿Y cómo es que le tememos a algo tan hermoso? Y cómo, en nuestra esperanza de llegar a un consenso parecido al de las ciencias, hemos reducido el esfuerzo de parte del autor y del lector a prácticamente ninguno. ¿Qué es la belleza sin la ambigüedad? Somos individuos de hechos fríos y calculados, en una realidad donde todo se resuelve fácil y bonito, donde el David es sólo una escultura, y nada más, donde todo tiene sentido y es predecible.

Hemos creado mil clichés para el arte, y a eso lo reducimos, se convierte en algo seguro y aburrido. Y todos estaremos de acuerdo y cómodos con el consenso de lo que significa y cuál es su valor. Pero ¿qué tiene de profundo la comodidad? ¿Cuántas historias se han escrito sobre eso?

Si esto es a donde nos dirigimos el lenguaje está muerto, y con él, el arte. Y no es por desprestigiar al método científico, reconozco su importancia y lo que se ha podido hacer gracias a él. Pero no podemos dejar que nos aleje de nuestra curiosidad, de nuestros juegos, nuestra habilidad de crear. Todo descubrimiento hecho sobre el mundo es en realidad una creación, y sería absurdo dejar perder nuestra habilidad de crear a través del acto mismo, sin embargo eso es lo que está pasando, estamos escapando de lo desconocido, del miedo, de la angustia, buscando la seguridad.

Pero toda creación viene de la angustia, la angustia de nuestra libertad de hacer al mundo como se nos antoje, y esa tarea no tiene fin. El valor que damos a las cosas se disuelve casi al instante de haberlo creado, es esa la naturaleza de la contingencia, de la esencia arbitraria del lenguaje. Por un momento estas palabras se convertirán en una idea, y esa idea va a disolverse y serán simples símbolos de nuevo, esperando a ser revelados.

¿Qué significa eso entonces? Si es tener algún sentido, entonces seguramente no significa nada.


8.06.2011

Perogrulladas

Qué difícil es reflexionar sobre la vida sin caer en clichés, sobre todo en esta época de muchos tuits y muchas citas en estados de facebook ridículamente sacadas de contexto. Todos los que se han dignado a crear (o robar) un escrito para explicar su existencia han pontificado alrededor de dichos pensamientos trillados. Existen suficientes perogrulladas para llenar una biblioteca (o un timeline de twitter), y aún a sabiendas de esto, estas preguntas existenciales son motivo de mis frecuentes cavilaciones. Tal vez todos tengan su forma de expresarlo, en mi caso sería escribir una entrada en este ignoradísimo blog, o algún intento de poesía que jamás verá la luz de la publicación. Éstos toman importancia cuando, mucho o poco tiempo después, vuelvo a leerlos comparando lo que soy ahora con lo que era antes.

Desde hace dos años (aunque en realidad toda la vida) he estado en un proceso de asimilación y aceptación del juego que todo el mundo parece estar siguiendo, ese de la naturaleza artificialmente construida que dice cómo viven las personas y cómo se debe ver la forma en que viven. Para mí no eran más que infinitos absurdos y lo único que podía ver eran las incontables contradicciones de la gente, ignoradas por ellos mismos para evitar sentirse incómodos y alejar pensamientos que socavarían su estilo de vida. No veía modo en que yo pudiera ‘participar’ en su juego si no podía aceptar las reglas de lo obligatoriamente importante, cómo se debía actuar o incluso pensar. Y tampoco ellos.

Incontables veces me excluyeron, después de catalogarme como ‘demasiado pesimista’ sin darme oportunidad de desatar el nudo de la venda en sus ojos y mostrarles un poco de lo que yo veía.

No quedó más remedio que reír de la situación, indudablemente se puede encontrar humor en la estupidez de todo esto. ¿Cómo podía yo conciliar el pensamiento de que debería pasar días enteros escogiendo el ‘vestuario perfecto’ o meses y años discutiendo quién sería el mejor papanatas para ordenarme lo que debo hacer sino riéndome? Pero esto tampoco les pareció, porque la vida es ‘cosa seria’ y yo no debía reírme ya que no era ‘productivo’.

Donde quiera me encontraba fuera, con muy pocas personas podía conversar y encontrar el nivel de profundidad que quería, y con todavía menos podía reírme del mundo y de ellos y de mí, esto porque la mayoría ni se molestaba en escucharme cuando sabían que mis prioridades eran completamente diferentes. Como cuando tienes una posición política ‘radical’ fuera de la familiaridad de derecha e izquierda, o cuando no eres cristiano ni católico, o no te gusta ni el rosa ni el azul, eso te hace un raro perturbado.

Aunque siempre supe que no era la víctima, al haber escogido quién quería ser, en mí todavía residía el sentimiento de marginación, y hasta de deficiencia. Finalmente decidí que existían cosas que no merecían interés y preocupación aunque el resto las considerara prioridad. Después de leer un poco a Cioran supe por qué parecía que todos me condenaban al no interesarme en cosas tan fundamentales para ellos: la indiferencia me vuelve libre.

Yo no estoy atada a los dogmas, no soy esclava de todas esas nociones que te otorgan el título de ‘persona aceptable’, al menos no tanto como ellos, y como no sufría por eso, me atacaban esperando a que me rindiera y me uniera a su juego interminable de falsas necesidades y pretensiones.

Muchas situaciones me hacen ver todo esto que dije con claridad, un ejemplo sería no interesarme en sus absurdas posiciones políticas y rehusarme a formar parte de su multitud enardecida. Cada vez que declino peticiones de unirme a su juego (cualquiera que sea) me llaman apática, o hasta enemiga. Pero ya no me afecta porque sé que fingir que me interesa (o que me interese realmente) no me convierte en mejor persona. No lo necesito para merecer el respeto de otros.

Podrán decirme que la indiferencia es una posición evasiva y fácil de tomar, pero en mi opinión, hacer que se perpetúen estas falsas necesidades es doble y triplemente evasivo, un modo más de eludir nuestra responsabilidad.

Sin embargo es así como funciona nuestra sociedad (por lo menos occidental): usando la creación de este sentimiento de inferioridad, reprimiéndolo y obligando a las personas a ‘llenarlo’ o ‘resolverlo’ usando falsas necesidades. “Odio ser dentista pero por lo menos puedo comprarme mi pantalla plana” y con esto toda posibilidad de resolver sus problemas individuales y personales queda casi destruida.

Yo también odio ser yo muchas veces, dudo si lo que hago es lo que debería, o si escogí la carrera correcta, pero encuentro más consuelo aceptándolo, viendo la ‘parte negativa’ y tratando de cambiarlo, que en arreglarlo por encimita con insignificantes adquisiciones que me hacen creer que pertenezco a algún estándar de vida aceptable, como las pantallas planas.

Básicamente me importa un carajo muchas cosas, tal vez exageré un poco en mi historia del mundo contra mí, pero creo que todos en algún momento dudan si son lo que quieren ser, o lo que los demás quieren que sean, y la verdad es que probablemente nunca lo sepan. Por eso es preferible reconocerlo y luego reírnos de ello.

7.30.2011

Batallas Mentales

Mi mente se encuentra en una constante y ardua batalla.

Paso de pensar que soy especial por ser 'inteligente' para darme cuenta de que la consciencia de tal pensamiento no es más que un grito por atención y algo que me gusta pensar de mi. Luego caigo en cuenta de que estar consciente de ese hecho se contrarresta a sí mismo y me encuentro entonces en una paradoja interminable de mi ser.

Todavía no ha llegado el momento donde me doy cuenta de que eso no importa.

7.26.2011

Debattles!

Hay gente que cree de todo corazón que Lady Gaga es talentosa ¿Loco, no? Pero si alguna vez han hablado con alguno, saben que es imposible tener una ‘discusión racional’ con ellos. Esto no es porque no tengan respuestas para sustentar su posición, es porque esas respuestas no tienen ningún sentido, son el tipo de justificaciones que te hace querer arrancarte el cuero cabelludo. Y el problema es que ninguna de las dos partes está jugando bajo las mismas reglas, los dos están seguros de que su posición es la correcta, porque dichas posiciones fueron derivadas lógicamente en sus pensamientos según lo cada quién percibe del mundo, y uno escucha al otro pensando que habla en otro idioma, no se puede imaginar manera alguna de cómo proceder para convencer al otro de lo contrario, porque no están de acuerdo ni en la forma de discutirlo.

Por suerte, me he tomado el tiempo para diseñar un organigrama de cómo yo creo que se debería proceder en caso de querer engancharse en una discusión:


*Los principios básicos de la razón incluyen aspectos como:

  • La posición con más evidencia será considerada la ganadora
  • Cada posición tiene la tarea de demostrar la verdad que crea
  • No se puede usar información inventada
  • Llorar no es recurso válido para terminar el debate

Muchas veces, una o las dos posiciones confunden un debate con una cátedra o un sermón, y eso es porque creen que no existe nada que los pueda contradecir, creen tener la verdad absoluta en sus manos. Ilusos y generalmente adolescentes, científicos o religiosos, pero no juzguemos. Esto entonces es una pérdida de tiempo, ya que es imposible hacer que cualquiera se retracte de sus ya existentes opiniones.

Use la tabla para evitar pérdidas de tiempo y tener un debate que lo lleve a algún lado, en el peor de los casos su posición será considerada la perdedora pero siempre obtendrá retroalimentación de estas actividades. No tema, cambiar de opinión no es lo peor del mundo.

7.13.2011

El Sufrimiento Inacabable

Claro que hablo de amor en el título, de ninguna otra cosa he sufrido más tiempo, ni de la vida misma.

Sin amor se sufre.

Pocos días son tan grises y desdichados como los que se pasan sin la presencia de la persona que, para nosotros, destaca sobre el resto del mundo, caminamos esperanzados de presenciar una aparición sorprendente, que de entre la muchedumbre emerja un cuerpo, un rostro, una mirada que anule todas las demás.

Hace poco empecé a ver detalles como no los había visto durante tres o cuatro años. Había una frase en un libro que me hizo pensar “la próxima vez que hablemos le diré por qué me recordó a él” y así con un sinfín de insignificancias en mi vida cotidiana, jamás podría enlistarlas todas; sin embargo ahí estaban, a donde quiera que volteara, abrumadoramente magnífico.

Conozco esta fijación de mi atención demasiado bien. No hay más.

Sufriendo se sufre.

Cuando se ha encontrado al objeto del deseo, las fantasías no alcanzan para satisfacerlo, una vez que el universo se ha detenido, necesitamos de la compañía de esa persona para volver a hacerlo girar.

Si bien la ligerísima pena del apego afectuoso, como la que he sufrido los últimos días, no es del todo devastadora, y hasta entusiasma sin desquiciarme el corazón, sé que irremediablemente se convertirá en el deseo y la angustia que van con el punto más alto de la pasión, y que me hacen sentir atribulada y mísera.

Amando se sufre.

Incontables razones de sufrimiento hay cuando el amor es inminente. Ser correspondido es, sin duda, el principal de los problemas; no sólo para los que no lo son, también para los que lo son, y para los que lo son a medias.

He estado buscando la excusa perfecta para acercarme, si tener éxito no dependiera más que de pedírselo a Eros, no me petrificaría teniéndolo enfrente.

No puedo decir que tal obstáculo desanime mi deseo, al contrario, lo impulsa, siendo la única forma de eliminarlo: conseguir su amor.

Amar es ser feliz.

Al poseer a la persona, se experimenta el éxtasis de la realización del deseo. Sin embargo, es imposible que tal placer sea permanente. El amor es un deseo que una vez satisfecho, o no alcanzado, se renueva, una y otra vez.

(Por falta de experiencia de la autora sobre el tema “amar es ser feliz” esta parte se rellenará con este paréntesis en letra normal para no perder el orden)(También es prudente mencionar que dicha falta no sugiere incredulidad de su parte)(Tiene que haber por lo menos UN príncipe azul).

"Amar equivale a sufrir. Para evitar el sufrimiento, hay que huir del amor. Pero entonces, se sufre por no amar. Así que, amar equivale a sufrir; no amar equivale a sufrir; y sufrir equivale a sufrir. Ser feliz es amar. Entonces, ser feliz es sufrir. Sin embargo, sufrir le hace a uno infeliz. Por lo tanto, para ser feliz, uno debe amar o amar al sufrimiento o sufrir por sentir demasiada felicidad" - Woody Allen

Todo lo que se encuentra en negritas puede ser ignorado, porque no pretendo reducir el significado del amor al análisis lógico de los argumentos, imposible.

7.08.2011

Paradojas de la Actualidad

Muchos jóvenes de la actualidad creen que la cantidad de fotos que tienen en sus perfiles de facebook, ya sea que ellos mismos subieron o donde fueron etiquetados, es lo que absolutamente los define, y tienen razón.

Pensémoslo un poco, en la actualidad contamos con más de un dispositivo para capturar esos “momentos únicos”, todos esos suplementos electrónicos, que según nuestra evolucionada sociedad es imperioso que tengamos, incluyen ya una cámara. Y con lo irremediablemente necesario que resulta tener contigo un celular permanentemente, no existe momento que escape a tu memoria… que en estos casos es una tarjeta.

¡Revolucionario! Antes una fotografía valía mil palabras, ahora mil fotografías valen las tres palabras con las que nombres el nuevo álbum de facebook. Nuestros padres pueden sentarnos en un círculo y mostrarnos las poquísimas evidencias de que en realidad fueron adolescentes alguna vez, la maravillosa falta de documentación de sus vidas es lo que hace a cada una de esas imágenes tan únicas como un Van Gogh original, o una primera edición del Hombre Radioactivo.

-Ah, cómo me gustaría haber tenido la tecnología que tú tienes ahora mijito- Dicen los desafortunados engendrados antes de los ochentas, con verdadera envidia de nuestra tecnología. Pero me gustaría invitarlos a que piensen de nuevo.

La tecnología y la ideología actual no vienen en paquetes separados; si usted, persona mayor, desea en verdad volver a sus años mozos para disfrutar de nuestros avances, pásele por aquí donde lo equiparemos con todos los elementos del siglo XXI: cámara, celular, iPod, iPad, laptop, conexión a internet y cerebro del adolescente promedio.

Fácilmente podrá ahora documentar su vida, día a día, y poco después de crear su perfil de facebook (también absolutamente necesario) y subir algunas fotos, caerá en cuenta de que aquí tiene usted una audiencia y que debe hacer uso de sus fotos para fanfarronear. -¡Miren toda esta evidencia de diversión!- Pensará usted mientras hipnotizado actualiza su perfil desde la comodidad de su teléfono celular.

Existe en su nuevo cerebro un factor de necesidad por exhibir el regocijo y un sentimiento de decepción si no se tiene una cámara a la mano para capturarlo. Porque siguiendo la lógica a la que está esclavizado se atormentará con la paradoja: Si te diviertes en una fiesta, pero nadie lo vio en facebook, ¿en realidad pasó?

¿Ahora quiere desesperadamente reconsiderar y recuperar su antiguo ser?

Esta es la generación de las aplicaciones (gracias Steve Jobs) y resulta que en la adquisición de tu tecnología te llevas gratis una de ellas; esta “app” es para tu mente y te obliga a monitorearte a ti mismo, te dice que todo debe ser documentado, pero no para la posteridad sino para reafirmar y seguir editando una imagen creada de ti mismo basada en lo que tu audiencia (de facebook) encuentre “cool”.

Sus fotos entonces no reflejarán lo que usted es, ni le traerán gratos recuerdos de su juventud, se lo digo yo que he pasado mi vida bajo un flash (ya no se necesita ser celebridad para eso).

Como verá entonces, querido viejo, es que las antiguas supersticiones de las que ahora nos reímos que aseguraban que las fotos te robaban el alma eran puras boberías, porque lo que te roban en realidad es el cerebro.